La disfunción eréctil se define como la incapacidad para conseguir o mantener una erección suficiente para lograr un acto sexual satisfactorio. Se trata de una enfermedad con importante repercusión psicosocial y sobre la calidad de vida de los pacientes y sus parejas. La prevalencia de esta patología aumenta con la edad y puede afectar a más de un 50% de los varones mayores de 60 años.
Entre las causas de esta patología se encuentran enfermedades cardiovasculares, neurológicas, trastornos hormonales o factores psicológicos.
El tratamiento de la disfunción eréctil contempla diferentes alternativas en función de las características del paciente, sus necesidades y expectativas. El abordaje inicial incluye tratamientos farmacológicos orales, tópicos intrauretrales o inyecciones intracavernosas, así como, la utilización de sistemas de vacío. La colocación de prótesis de pene es un tratamiento eficaz aunque invasivo que se reserva para pacientes refractarios a las alternativas iniciales.
Enfocándonos en los sistemas de vacío, la bomba de vacío es un dispositivo no invasivo que logra erecciones y las mantiene el tiempo suficiente para llevar a cabo una actividad sexual. Se trata de un sistema de acción mecánico y local, evitando las alteraciones químicas producidas por los tratamientos farmacológicos. Es útil en casos de disfunción eréctil de naturaleza vascular, neurológica o secundaria a tratamientos quirúrgicos.
La bomba de vacío consta de 3 partes:
- Cilindro trasparente: se coloca sobre el pene.
- Bomba manual o eléctrica: genera vacío.
- Anillo de constricción o banda elástica: se coloca sobre la base del pene tras conseguir la erección.
Su mecanismo de acción consiste en extraer el aire existente dentro del cilindro creando una presión negativa que favorece el flujo de sangre hacia los cuerpos cavernosos. El aumento del flujo sanguíneo en los cuerpos cavernosos produce la erección. Una vez conseguido el grado de erección deseada se coloca el anillo de constricción sobre la base del pene para evitar que la sangre presente en los cuerpos cavernosos retorne y mantener así la erección. Dicho anillo de constricción debe retirarse en un plazo de 30 minutos.
El uso de este sistema suele indicarse cuando los fármacos orales o tópicos no tienen resultado, están contraindicados o producen efectos secundarios indeseados. No obstante, también es útil en pacientes que desean evitar la toma de fármacos o como parte de un programa de rehabilitación peneana tras cirugías urológicas con el fin de mantener la oxigenación de los tejidos y prevenir la pérdida de elasticidad de los tejidos.
Entre las ventajas de este tratamiento se encuentran las altas tasas de satisfacción, su relativa seguridad, el bajo coste a largo plazo y la ausencia de efectos a nivel sistémico.
No obstante, también tiene algunos inconvenientes, como son la falta de espontaneidad y necesidad de preparación previa, y la aparición ocasional de algunos efectos adversos como sensación de frialdad en el pene, entumecimiento o petequias. Es importante la retirada del anillo de constricción en un plazo de 30 minutos para evitar efectos adversos graves como la necrosis cutánea.
En conclusión, la bomba de vacío representa una opción terapéutica segura, accesible y eficaz para muchos hombres con disfunción eréctil. Aunque no sustituye a todos los tratamientos disponibles, puede ser una alternativa valiosa o complementaria dentro del abordaje integral de esta condición, especialmente cuando se busca evitar medicamentos o procedimientos más invasivos.
